¿Por qué nos atraen los objetos brillantes?


La evidencia de que los seres humanos nos sentimos atraídos por las cosas brillantes está por todas partes. Una explicación primaria y lógica, es que asociamos el brillo con la riqueza y el lujo. Pero un estudio reciente asegura que podría tener sus raíces en un instinto mucho más básico.


objeto brillante

Un estudio realizado por la Universidad de Houston observó que los niños pequeños (de menos de 1 año) se llevaban a la boca objetos brillantes mucho más que objetos opacos.
Los investigadores se preguntaron si la conexión entre los niños y los objetos de diseño brillante, no era una señal de que nuestro enamoramiento por las cosas brillantes tiene sus raíces en el deseo primitivo de agua como recurso vital.
De esta forma los investigadores realizaron una serie de experimentos para confirmar o no, esta idea.

La atracción por objetos brillantes podría no estar totalmente ligado a la riqueza, aún así podría reflejar un disfrute básico por las cosas bonitas. Para estudiar esta posibilidad los investigadores utilizaron a unas 50 personas para una prueba. Primero se les vendaron los ojos y después se les entregó a la mitad de ellos un papel con una superficie que al tacto simulaba ser brillante, a la otra mitad se le entregó un papel opaco.
Posteriormente se les pidió a todos que dieran un puntaje sobre calidad y atractivo del papel. Los participantes que tenían el papel brillante, incluso sin verlo, lo clasificaron como de mayor calidad y más atractivo, que los del grupo del papel opaco.

También se les solicitó que imaginaran un paisaje representado sobre la superficie del papel que estaban tocando, los participantes con el papel brillante imaginaron paisajes con mucha más agua que los participantes de papel opaco.


Esta prueba le sugiere a los investigadores que con lo brillante, además del atractivo visual, también hay una fuerte conexión cultural.


Como experimento final, los investigadores dividieron a las personas en tres grupos.
Al primer grupo se les dio a comer unas galletas saladas. Al segundo grupo también se les hizo comer las galletas con la diferencia de que a estos se les permitió tomar un vaso de agua. Al tercer grupo no se le dio ni galletas ni agua.
Después, a cada grupo se les mostró unas fotografías, algunas estaban impresas sobre papel brillante y otras sobre papel opaco y se les indicó a los participantes que le dieran un puntaje a cada fotografía.

Si bien los tres grupos otorgaron más puntos a las imágenes brillantes, los miembros del grupo que habían comido galletas sin agua otorgaron los mejores puntajes a las fotografías brillantes.


En otras palabras, cuanto mayor era su deseo de agua, mayor su preferencia por lo brillante.


Conclusión

Hoy la gente asocia lo brillante con la riqueza y la ostentación, basta recordar que nuestros antepasados asociaron el agua con el lujo y el bienestar, ya que poseerla era una verdadera fortuna.
Esto nos hace pensar que la evolución humana nos hizo decantar por algunas preferencias, pero que a su vez, estas preferencias también han evolucionado.

De cualquier manera, los investigadores sostienen que hay que reconocer que a pesar de nuestra sofisticación y progreso como especie, todavía seguimos siendo atraídos por cosas que se relacionan con nuestras necesidades más básicas, la necesidad de agua en este caso.



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